miércoles, 24 de octubre de 2018

Se sacaron la careta


Decían que los pro-vida eran ellos

Decían que querían el respeto a la autodeterminación de la madre, que no querían la muerte de nadie, que no querían obligar a abortar a nadie.
A los pro-vida les decían hipócritas, antiderechos, pro-aborto clandestino.

El caso de Cipolleti hizo que se sacaran la careta.


El médico se había encontrado con que una embarazada de 5 meses había comenzado un intento de aborto, y su vida estaba en riesgo.
El médico cumplió su obligación de informarle:
- Continuar con el proceso de aborto era riesgoso para la vida de la madre.
- El bebé ya era viable fuera del útero, por lo que el aborto significaba matarlo innecesariamente.
- Era más seguro para ambos continuar un tiempo con el embarazo, y tener un nacimiento prematuro.

Entonces la madre decidió continuar con el curso recomendado médicamente. El bebé nació sano y vive feliz con su familia adoptiva.

La legisladora radical-abortista Milesi, admiradora profesa de la abortista eugenésica filo-nazi Margaret Sanger (fundadora de Planned Parenthood), decidió denunciar al médico por haber supuestamente impedido un aborto legal. Un fiscal abortista y un juez despreocupado por la justicia decidieron enjuiciar al médico.

Y se siguen sacando la careta cada semana...


Gracias, abortistas, por dejar todo claro:

- El médico salvó las dos vidas, tal como honestamente sostiene la campaña pro-vida.
- A los abortistas, hipócritamente, no les importó el consentimiento informado de la mujer.
- No les importó el derecho a la objeción de conciencia del médico.
- No les importó que se habían salvado las dos vidas.
- Los legisladores pro vida, tal como honestamente defienden, presentaron varios proyectos para proteger a la madre y evitar los abortos clandestinos.
- Los abortistas, hipócritamente, bloquean todos esos proyectos.
- No son pro-derechos; no son pro-vida: solamente les interesa que se aborte.


jueves, 27 de septiembre de 2018

"¡¡No, no diga eso!!"


Seres de luz

Son realmente seres de luz. No hay en ellos brotes de ataques personales, resentimiento institucional o fanatismo ideológico. No hay en ellos la oscuridad de la intolerancia, la indiferencia o la agresión. Transmiten una paz absoluta, en medio de un compromiso permanente con los demás. Se ven siempre pendientes de la persona que tienen enfrente, escuchando en serio. No les preocupa lo que digan los demás, ni su bienestar. Se desviven especialmente por los más pequeños y débiles. Transmiten una experiencia de Dios personal profunda, que nunca los deja. Son los santos.

Estoy totalmente convencido de que he conocido muchos santos en mi vida: laicos como Jorge Yayzi, sacerdotes como el padre Maina o el padre Carlos Aldunate, religiosas como la hermana María Magdalena. Y varios otros, algunos todavía vivos, así que no los voy a nombrar.

Pepe, mitos y versiones

Hoy quiero recordar especialmente al padre Pepe, salesiano, de origen austríaco, porque -como en la mayoría de los casos- fue incomprendido por muchos, incluyendo en su propia comunidad. Su fama incluso hizo que se crearan algunos mitos y versiones falsas.

Como la versión que decía que la construcción de ermitas en los barrios era "una locura" más del padre. Lo veo como un caso de proyección. El padre a veces sugería o proponía, pero siempre dejaba que las propias comunidades decidieran qué y cómo hacer, y cada ermita la hacía la comunidad según sus tiempos, entusiasmo y características. En El Pilar I, incluso les sugería que fueran más despacio, que no necesitaban apurarse. Pero albañiles, carpinteros, electricistas, pintores, todos se entusiasmaron por dedicarle a Dios y la Virgen la construcción, y se hizo en tiempo record. Después estuvieron al borde de las lágrimas para convencer al enviado del obispo que les dejara usarla para misas y oraciones, pero lo obtuvieron.

O la versión que lanzaron algunos, de que sólo se le daba comida a quienes iban a misa. Por el contrario, el padre Pepe separó "el reparto" de la misa. Estableció un sistema donde los supermercados podían confiar en él, en dejarle cada madrugada la comida ya vencida para que la cargara en su camioneta y la distribuyera cada día al barrio que tocara. Había gente en cada barrio que había sido elegida por su imagen de responsabilidad ante la comunidad, que era la encargada del reparto. Así el padre, que solía acostarse alrededor de la 1 de la mañana, después de todas las actividades del día, se levantaba a las 6 para asegurar que nadie pasara hambre en los barrios, aún en los peores momentos de crisis.

NO al clericalismo

El padre Pepe era muy respetuoso de los laicos y opuesto al clericalismo. Creo que no conocí a ningún sacerdote que haya respetado tanto a los laicos como él. Los sacerdotes en general, y sobre todo él mismo, solían ser el blanco de las críticas que incluía en sus homilías. Un ejemplo notable fue cuando la comunidad de San Cayetano decidió, ante los repetidos robos, poner a un policía de sereno en la capilla. El padre consideró que era algo profundamente anticristiano. "¿Vamos a tener un guardia? ¿Armado? ¿Y si vienen a robar, va a dispararles? ¿Así dice Jesús que actuemos?". Sin embargo, decidió respetar la decisión de la comunidad: la comunidad lo decidió, él no lo vetaba. Sólo decidió ir a dormir al Colegio Don Bosco del centro, en lugar de quedarse en el barrio, porque no podía avalar esa actitud con su presencia. Luego de algunos días, la comunidad decidió anular la decisión que había tomado.

Una Iglesia de puertas abiertas

Pepe se negaba a poner rejas en el terreno, porque era un signo de rechazo y separación. Incluso no reemplazó la cerradura rota de la capilla durante mucho tiempo. Un día la comunidad reemplazó la cerradura, y esa noche, uno de los jóvenes la robó y dejó nuevamente la puerta abierta. El padre comentó que no lo criticaba, que se podía interpretar la instalación de la cerradura como un desafío o rechazo. Como se negaba a poner rejas en el salón de Cáritas, decidió dejar las donaciones en el centro, para evitar los robos sin dejar de tener un gesto abierto. Algunos de sus revestimientos, que guardaba en la capilla, estaba rajado a cuchillazos, por alguno que se había descontrolado, pero eso no lo preocupaba.

En otra ocasión un joven violento se enojó en un reparto porque creía que debía recibir más, y atacó a la gente y a la camioneta del padre con un hacha. El padre luego fue a su casa, y cuando salió la madre también a increparlo, la abrazó, los abrazó a los dos, fraternalmente, y se desactivó el conflicto. Esa era la actitud cristiana que promovía, cuando la reacción humana de la mayoría era indignarse o rechazar.

Lo más antisistema: la experiencia de Dios

Muchos de los jóvenes que llevaba en su camioneta a distintas actividades y celebraciones tenían problemas con la ley o con las adicciones. Los hacía participar en adoraciones eucarísticas muy fuertes espiritualmente, y muchas ves los vi llorar tirados junto al Santísimo. El padre tenía claro que lo principal que podíamos dar los cristianos, era al mismo Cristo, y poder comunicar a la gente con Él, para que tenga una experiencia personal de su Presencia y su Amor. "¿Qué es lo que transmitimos?", decía. "¿Que lo importante es tener salud, pan y trabajo? ¡No, lo más importante es Dios!"

Pepe transmitía esta experiencia de Dios con su vida, en cada momento, con pasión y una paz no humanas. Rechazaba las ideologías, y miraba a las personas por lo que eran. Cuando alguno de la Iglesia le venía con algún discurso de clase contra los ricos, decía: "No sé, yo he conocido ricos muy buenos en Bariloche, que ayudan mucho. Dios es infinitamente rico." Era antisistema, en cuanto combatía el consumismo y el trabajo excesivo, y eso lo llevaba a criticar a ciertas iniciativas católicas de promoción social que lo que hacían era incorporar a más gente al sistema.

Total austeridad

Eso lo llevaba a dar ejemplo con su vida. Siempre andaba con su camioneta al servicio de todos, llevando gente, comida, o lo que sirviera. En cierta ocasión se rompió la camioneta, y quedó de a pie. Algunos le ofrecimos regalarle un autito usado, para que pudiera recorrer todo el Alto (era el único sacerdote que atendía todos esos barrios). Él se negó diciendo: "No, gracias. La camioneta es un elemento de trabajo, pero ¿qué mensaje doy si ando en auto? ¿Que el cura muestra que es necesario tener un auto, y tratar de ganarlo? No es el mensaje que quiero dar".

Vivía con absoluta austeridad. Dormía en un colchón en el salón de Cáritas de San Cayetano, que daba vuelta cuando se humedecía de un lado. Tenía piso de tierra, hasta que la comunidad puso cerámicos sin que él supiera. Decía que sus compañeros de comunidad le pedían que durmiera con ellos en el centro. ¿Qué vas a hacer ahí solo si te pasa algo? ¿Y si un día te encuentran muerto? Y él contestaba: "¡Si me encuentran muerto, festejen y celebren, porque me fui al Padre! ¡Que nadie se ponga triste!"

"¡No diga eso!"

La primera vez que nos acompañó al barrio El Pilar I, fuimos con el padre Maina, también un gran santo, dedicado, austero y humilde, que ya a su edad se retiraba. Nos presentó a Pepe y cuando se alejó unos pasos nos dijo "Este hombre es un santo". Pepe lo escuchó y se agarró la cabeza, y dijo "¡No, no diga eso!".

Le preocupaba "creérsela". Siempre se ponía de mal ejemplo, contando cuándo había "pisado el palito", "o más bien un tronco". Decía "me dirán fundamentalista, pero no me llamen 'padre', porque el evangelio pide no hacerlo. Si quieren, díganme 'padrecito'".

En uno de sus primeros cumpleaños en San Cayetano, la comunidad le organizó una fiesta. En la misa previa, Pepe estaba muy perturbado, no quería la fiesta, y dedicó su sermón a hablar de todos los defectos que tenía, y que no merecía ningún festejo. Uno de los jóvenes del grupo universitario se adelantó, y le pidió leer algo delante de todos. Leyó un trozo de un librito de Santa Teresa de Ávila, donde describía cómo en una época quería solamente recibir críticas, y se perturbaba si la elogiaban, y entonces hablaba de todos sus defectos, hasta que comprendió que así como sus faltas venían de ella, sus virtudes venían de Dios, y eran una forma de alabarlo, y que tenía que tener paz tanto en la crítica como en la alabanza. El padre Pepe humildemente sonrió, y cambió su actitud, y participó del festejo.

Estoy convencido que tenemos en él un intercesor excelente.

jueves, 20 de septiembre de 2018

No hemos perdido la fe, sino la razón....


También se ha dicho, y con razón, que lo contrario de la fe no es el ateísmo, sino la superstición.


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Ups! Otra contradicción más...

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Irracionales, pero no estúpides...



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- Gané, gané la carrera femenina
- Felicitaciones, macho...

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Y sigue el giro del inclusivismo... Cristina pidió que la llamen "Presidenta" en lugar de "Presidente" para evitar la invisibilización femenina e incluir... Ahora resulta que "Presidenta" es excluyente y "Presidente" es lo inclusivo...

"Presidente"... "Irracionales"... Oh, maldite RAE pseudo-inclusive! La p... madre! Madra! Padro! ...

Corto representando la enseñanza con la nueva ideología hegemónica:
Modern Edukeyshon

Entrevistas a estudiantes universitarios con ideología "inclusiva":
Estudiantes universitarios inclusivos... ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para ser coherentes?

Documental refutando científicamente la ideología de género:
Refutacion de la ideología de género Parte 1
Refutacion de la ideología de género Parte 2


martes, 18 de septiembre de 2018

¡Separemos Iglesia y Estado!


¡Separemos Iglesia y Estado!


"¿Por qué tengo yo, que no soy católico, que sostener con mis impuestos a los curas católicos? ¡Es injusto! ¡Que trabajen y se ganen la vida, como todos! Encima quieren imponer sus dogmas al Estado, en lugar de limitarse a lo religioso. ¡Separemos Iglesia y Estado!"


Bueno, puesto así suena razonable, pero vayamos de a poco... Concuerdo con Usted, como concuerda también la Iglesia Católica: hay una necesidad de separar Iglesia y Estado.

¿En qué hay que separar Iglesia y Estado?

El primer tema es que... la separación entre la Iglesia y el Estado ya está en efecto en la práctica desde hace al menos un siglo; en lo formal desde hace medio siglo: el Estado es no confesional, laico, y la Iglesia no tiene injerencia formal alguna en las decisiones políticas.

La Iglesia por supuesto se manifiesta en sus convicciones como cualquier otra institución, y también la fe católica recibe el mismo tratamiento que otras instituciones sin fines de lucro en sus escuelas, hospitales, asilos, etc., y en cuanto al reconocimiento del papel histórico y cultural (por ejemplo algunos símbolos religiosos que son significativos para la mayoría de la población en hospitales y otras instalaciones estatales).

Pero ¿no presiona la Iglesia al gobierno en distintos temas?

¿"Católicos y ciudadanos" o "católicos o ciudadanos"?

Algunos parecen creer que los católicos no deberían inmiscuirse en política (es decir, los católicos practicantes y los sacerdotes y obispos, porque no tienen problema con los católicos no practicantes). Serían una especie de ciudadanos de segunda categoría, sin derecho a expresarse, peticionar o votar de acuerdo a sus convicciones referentes a legislaciones u ordenamientos políticos y sociales.

Muchos políticos -como el senador Pichetto- incluso han usado como argumento a favor de algunas leyes, el hecho de que la Iglesia católica se oponga a ellas. El rebuscado razonamiento es: la Iglesia se opone, eso quiere decir que busca imponer su religión, por lo tanto no hay que hacer lo que piden. Imaginémonos qué ocurriría si este argumento discriminatorio se usara contra otro sector, como los representantes de los judíos o de los homosexuales. De hecho en el reciente debate por el aborto, los únicos legisladores que usaron argumentos (anti)religiosos fueron los abortistas. Esto constituye una actitud intolerante y discriminatoria injustificable.

Pero ¿no sostiene el Estado a la Iglesia católica? ¿Por qué no trabajan los curas y se ganan su sustento?

Es curioso que haya quienes piensen que sacerdotes y obispos (¡y hasta el Papa!) no "trabajan". Los que conocen la realidad eclesial opinan diferente. Es pública la cargadísima agenda que mantiene el Papa, a sus ochenta años, y la gran mayoría de los sacerdotes se ven desbordados por la cantidad de tareas y de gente que deben atender.

De todos modos los sacerdotes no reciben ningún sueldo del Estado, salvo algunos pocos que trabajan en zonas de frontera, por el servicio que significan para el país. Los obispos sí reciben un sueldo, pero obviamente es poco significativo para todos los sacerdotes, religiosos, y obras que tiene una diócesis.

Pero de todos modos ¿por qué nos obligan a los no católicos a contribuir a la Iglesia?!

El "sostenimiento del culto" que figura en la constitución, en realidad, corresponde a una retribución que hace el Estado por dos motivos:
• La confiscación que realizó el presidente Rivadavia en 1822 de los bienes inmuebles que la Iglesia tenía en Capital (unas 300 manzanas) y Provincia de Buenos Aires (unas 35.000 hectáreas) para las distintas obras que mantenía, y que había recibido en donación para esos fines.
• La confiscación de los aportes (llamados "diezmo") que realizaban los fieles y se apropió de esas contribuciones, a partir del 1 de enero de 1823.
Es decir, en realidad la Iglesia ha contribuido al Estado, y lo que pagamos los contribuyentes es para pagar algo de lo que el Estado recibió de la Iglesia. Eso es lo que recoge la Constitución.
Pero más aún, la Iglesia -sólo con las obras que sostienen Cáritas y la colecta Más por Menos- sigue contribuyendo más al Estado de lo que se le aporta. Si además tomamos en cuenta todo lo que se ahorra el Estado por las obras sostenidas por la Iglesia -escuelas, asilos, hospitales, etc.-, resulta claro que es ella la que subsidia, y no la subsidiada. Los colegios públicos de gestión religiosa no tienen fines de lucro, y representan un importante ahorro para los contribuyentes.

Igual, y por poco que sea, ¡no quiero que den de mis impuestos a la Iglesia!

La Iglesia está de acuerdo, y ya propuso eliminar de la Constitución el "sostenimiento del culto" en 1994. No se hizo, tal vez por no estar habilitado por la ley que convocaba a la reforma.
En todos estos años, la Iglesia ha probado y estudiado alternativas a lo que dice la Constitución. Posiblemente lo mejor sería un sistema similar al de Alemania o España, donde cada contribuyente decide libremente a quién asigna un pequeño porcentaje predeterminado de sus impuestos. Actualmente se sigue dialogando sobre esto con el gobierno.

En resumen

Separemos Iglesia y Estado. O mejor todavía, separemos religión y Estado, cualquiera sea el tipo de dogma y creencia religiosa (teísta, atea, ideológica, etc.). En estos momentos, hay ideologías antirreligiosas muy poco representativas del pueblo, que han ocupado mayormente los estamentos docentes -sobre todo secundario y universitario- y usufructúan los recursos del Estado para imponer su ideología antipopular, generalmente denigrante respecto de las convicciones religiosas de la gente.
Debemos tener un Estado laico, no laicista y discriminador, y el Estado no debe ser usado para imponer dogmas ideológicos.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Inequidad aplicada al género




Inequidad educativa aplicada a las especies = Ideología de género










Inequidad educativa aplicada a las especies = ESI